Aquí se aprende a cuidar la vida
ENCUENTRO DE GRUPOS DE ACOGIDA EN SALAMANCA
Evaristo Villar
Bienvenidos al delito de cuidar
El 25 y 26 de abril, en un rincón periférico de Salamanca —de esos que no entran en los mapas turísticos ni en los discursos oficiales— ocurrió algo sospechoso: unas 80 personas se reunieron para compartir experiencias de acogida. El lema lo dejaba claro, casi como una amenaza: “Porque nos queremos”. En estos tiempos, implicarse sigue siendo una forma elegante de desobediencia.
Llegaron desde Madrid, Vizcaya, Cantabria, Palencia, Extremadura… como si todavía existiera una red invisible entre quienes no han aprendido a mirar hacia otro lado. El anfitrión, Asdecoba, hizo lo suyo: abrir la puerta sin demasiadas preguntas. Y luego, el gesto más subversivo de todos: darle de comer. Huerta propia, platos ecológicos, vino casero. Nada espectacular, todo peligroso: conversación en lugar de prisa.
Teatro de guerra (y otras formas de decir lo indecible)
Hubo teatro. Tenía que haberlo. Porque cuando no se representa el absurdo, acaba pareciendo normal. Y hoy el absurdo nos envuelve. Cuatro sillas bastaron para sentar conflictos enteros. Una economía de medios que ya quisieran algunos ministerios. Las escenas —a veces poéticas, a veces delirantes— fueron armando un espejo incómodo. De esos que no te gusta mirar, en los que no te ves como quieres, sino como eres.
Y el humor apareció justo donde debía: en el borde del dolor. No para suavizarlo, sino para no endurecerse del todo.