12 de Julio de 2026
Evangelio según MATEO 13, 1-23

Salió Jesús de casa y se sentó junto al mar. Y acudió a Él tanta gente que tuvo que subirse a una barca y se quedó sentado allí; toda la multitud se quedó en la playa.
Les habló de muchas cosas en parábolas:

-Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, unos granos cayeron junto al camino; camino; vinieron los pájaros y se los comieron.
>Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas tenían tierra; como la tierra no era profunda, brotaron en seguida; pero en cuanto salió el sol se abrasaron y, por falta de raíz, se secaron.
Otros cayeron entre zarzas; las zarzas crecieron y los ahogaron.
Otros cayeron en tierra buena y fueron dando fruto: unos, ciento; otros, sesenta; otros treinta.

Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:
Si uno escucha el mensaje del Reino y no lo entiende, viene el Malo y se lleva lo sembrado en su corazón: “eso es lo sembrado junto al camino”.

“El que recibió la semilla en terreno pedregoso” es ese que escucha el mensaje y lo acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y en cuanto viene una dificultad o persecución por el mensaje, falla.

“El que recibió la semilla entre zarzas” es ese que escucha el mensaje, pero el agobio de esta vida y la seducción de la riqueza lo ahogan y se queda estéril.

“El que recibió la semilla en tierra buena” es ese que escucha el mensaje y lo entiende; ése sí da fruto y produce en un caso ciento, en otro setenta, en otro treinta..

El reino se parece a una semilla.

El reino se parece a una semilla. Dios sembrador es una bella imagen, mucho más bella que Dios Rey o que Dios Amo o Dios Juez.
Dios siembra incesantemente, incansablemente, la semilla del Reino.

Recibimos constantemente semillas del Reino, ejemplos de buenas personas, sucesos, símbolos, sucesos… La semilla no es aún el Reino, pero germinará. Dios siembra continuamente la Palabra. Todas las cosas sobre la faz de la tierra están creadas para ser Palabra, semillas del Reino.

En el camino de nuestra vida hay muchos pájaros capaces de llevarse la semilla: la falta de atención, la trivialidad que vivimos… y la semilla se la llevan los pájaros.

A veces recibimos con alegría la Palabra, pero sin cultivarla, sin atenderla, haciéndola convivir con nuestros deseos irrefrenables de disfrutar, con nuestro afán por instalarnos, de mejorar nuestro nivel de esta vida… árido pedregal en que se mueren las semillas recién brotadas.

No pocas veces nuestra vida misma ahoga la Palabra: no tenemos tiempo, ni ganas, ni nos parece que los valores de la Palabra tengan validez.

Pero nuestra tierra es, en el fondo, buena tierra, donde la semilla florece, en forma de compasión, de solidaridad; somos capaces de amar, de perdonar, de esforzarnos, de sacrificarnos por otros…

No sólo hay personas en que la semilla germina de modo espectacular, sino que en cada uno de nosotros hay épocas y momentos en que nos sentimos crecer, sentimos la presencia del Espíritu vivificador, sentimos germinar en nosotros a la Palabra.

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