¡NO AL GENOCIDIO EN PALESTINA!

¡Paz, fruto de la justicia!

Las-os abajo firmantes, pertenecientes a diversas tradiciones religiosas y convicciones culturales, reconocemos que las religiones han funcionado históricamente como factores de cohesión nacional y movilización contra otros pueblos en defensa de sus propios intereses.

También en la tradición bíblica encontramos textos que proclaman un mesianismo nacionalista. Recientemente, el primer ministro israelí Netanyahu declaraba, para justificar las decisiones de su gobierno: «Debéis recordar lo que Amalek os ha hecho. Borrarás la memoria de Amalek de debajo del cielo. No olvidarás, dice nuestra Santa Biblia.” (Dt 25,19).

 

 

 

Pero también han producido movimientos profético universalistas como el de Isaías, príncipe de los profetas bíblicos: “El fruto de la justicia será la paz, la función de la justicia, tranquilidad y confianza para siempre” (Is 32,17).

Y, en su mensaje, la acción de Dios va dirigida a todos los pueblos, pues, antes que a Israel, creó la humanidad. Todos los pueblos están bajo el cuidado de Dios, todos son destinatarios de su invitación a la alegría de la salvación (Is 45)

Estas palabras nos invitan a analizar cuál ha sido la práctica de la justicia en las relaciones entre Israel y Palestina en las últimas décadas. Y, en este sentido, coincidimos con Guterres, Secretario General de la ONU: “Los ataques de Hamás no se producen en el vacío. El pueblo palestino lleva 56 años de ocupación asfixiante». 

Lo que no significa justificar el terrorismo de Hamás. El terrorismo es siempre condenable y el cometido por Hamás contra civiles el pasado octubre ha enturbiado la justa defensa de la causa palestina. Pero el conflicto no lo ha creado Hamás, es el conflicto el que ha creado a Hamás.

El conflicto lo generó hace décadas el proyecto sionista de Israel que incluye Cisjordania y Gaza, acelerando la expulsión del pueblo palestino, ampliando su “Nakba”, su “Catástrofe”. Posiblemente los Acuerdos de Oslo en 1993 supusieron una oportunidad de acuerdo entre los dos pueblos; pero Isaac Rabin, primer ministro de Israel, fue asesinado poco después de firmarlos. 

A partir de entonces, el poder de los sectores más nacionalistas y de extrema derecha ha ido creciendo en la sociedad y los gobiernos israelíes.