5 de Julio de 2026
Evangelio según MATEO 11, 25-30

Jesús exclamó:
-Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, así te ha parecido mejor.

Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.

Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.

Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

¿Quién puede ser entonces discípulo de Jesús?

¿Se puede ser en la vida ordinaria, anónima, entrelazada con tantas pequeñas obligaciones, con urgencias que nada tienen que ver, a primera vista, con el Reino?

La paradoja está en que tú, el agobiado por las preocupaciones, puedes serlo; y, con todo, no depende de ti, es revelación del Padre.

El secreto del Reino es tan simple que por eso resulta difícil e increíble. Pero resulta difícil e increíble para los «sabios y entendidos». Los sabios y entendidos son, en principio, quienes quieren saber para creer. Y no se dan cuenta de que esa pretensión, cabalmente, les impide creer. ¿Cuántas relaciones de amor fracasan precisamente por querer conocer al otro antes de fiarse del otro? Y una vez realizado ese acto de fe, comienza el auténtico conocimiento mutuo.

Pero son «sabios y entendidos» también quienes quieren dominar la existencia, sean poderosos socialmente o sean poderosos moralmente o poderosos espiritualmente.

Ser discípulo es tan simple como ser agradecido. La dificultad la tenemos en nuestra suficiencia, que nos cierra a Dios y al prójimo. A veces pensamos en hacer actos heroicos de amor, cuando el amor se realiza cabalmente en las pequeñas e innumerables obligaciones que nos pesan. ¿No nos damos cuenta de que aquella realidad que nos oculta el Reino es, casi siempre, la que nos revela lo esencial: el amor de Dios encamado en la condición humana?

Una alianza para todos los públicos

El «yugo» del que Jesús nos habla en el evangelio es el compromiso con los valores del Reino. Es una «carga ligera» porque brota del amor y del encuentro con Jesús; va mucho más allá de las normas y obligaciones.
La vida del creyente es una vida de amor entregado por los demás. Todos estamos invitados y convocados a construir este proyecto de amor: un mundo de hermanos, que se construye día a día desde lo cotidiano de nuestra vida. El encuentro con Jesús no deja a nadie indiferente

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