Teología desde Abajo
EL CUERPO DE CRISTO EN LA VIDA DEL PUEBLO OPRIMIDO.
La fiesta del Corpus Christi celebra la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Sin embargo, esta solemnidad no puede entenderse únicamente como un acto de adoración sacramental desligado de la realidad histórica y social. Para los teólogos y las comunidades, el Cuerpo de Cristo no debería ser solo el pan consagrado en el altar, sino también el cuerpo vivo, sufriente y esperanzado de los pobres y excluidos de todo tipo de periferia existencial.
Jesús dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por ustedes». Y su cuerpo se sigue entregando hoy en cada vida que es quebrada por las estructuras de injusticia. Celebrar el Corpus Christi es contemplar la Eucaristía como memorial subversivo: un recordatorio de que Dios no es indiferente al dolor del mundo, sino que se hace pan partido y compartido en medio de quienes luchan por la vida digna.
No es casualidad que en algunas comunidades de base de América Latina, la procesión de Corpus Christi no recorre las calles para exhibir poder religioso, sino que camina con el pueblo: se detiene en las casas humildes, en los hospitales, en las cárceles, en las zonas olvidadas. Ahí donde el cuerpo humano es despreciado, ahí debe estar el Cuerpo de Cristo.
Por eso, el culto eucarístico sin compromiso con la justicia se vuelve estéril. El Cuerpo de Cristo es alimento para la esperanza, pero también convocatoria a la lucha y al amor efectivo.
En esta fiesta se nos invita a preguntarnos: ¿A quiénes les negamos hoy el acceso al pan y al cuerpo? ¿Dónde está siendo crucificado Cristo hoy? Y sobre todo: ¿cómo podemos partirnos y entregarnos, como Él, por la vida plena de todas y todos?.