Ana Rivero
elplural.com/opinion
4 octubre 2026
El acceso a la vivienda se ha convertido en una fuente de desigualdad profunda, dividiendo a la sociedad entre propietarios y proletarios. El mercado, por sí solo, no garantiza el derecho a una vivienda digna, exacerbando la exclusión. A pesar de las críticas políticas contra la intervención, el autor sostiene que es necesaria una actuación pública para corregir las injusticias del sistema. que hoy prioriza la acumulación sobre las necesidades básicas.
Proudhon escribió que «la propiedad es un robo». En el siglo XIX hablaba de fábricas, tierras y máquinas; de los medios de producción que determinaban quién tenía el capital, quién vendía su trabajo y, en definitiva, quién tenía el poder. Hoy, para comprobar de qué lado estás, ya no hace falta abrir El capital. Basta con abrir «Idealista».
De los medios de producción a los medios de vida.
Lo que está ocurriendo con la vivienda no es solamente un problema de precios, de oferta o de mercado. Es una injusticia. Puedes tener dos carreras, hablar tres idiomas, trabajar en una consultora, cobrar un sueldo razonable, tener un máster, ir al gimnasio cuatro veces por semana y decir «deadline» sin ironía y, aun así, no poder permitirte una casa. Y esto, en el mejor de los casos. El resto, Maricarmen.
La frontera ya no está en la edad ni en el salario. Ni siquiera en Ceuta. Está, cada vez más, entre quien tiene patrimonio y quien no. Nos dividimos entre propietarios y proletarios: unos tienen patrimonio; otros tienen casero. O ni eso.
«Nuestras miserias, sus beneficios», cantaban esta semana en Sol.