Juan José Tamayo

Durante los primeros meses del pontificado de León XIV, sus gestos, actuaciones, discursos, su pensamiento, su forma de gobernar la Iglesia católica y hasta su carácter no fueron valorados autónomamente, sino en comparación con el modo de pensar, de vivir, de hablar y de actuar de su predecesor y mentor el papa Francisco. Dependía del sector ideológico que hiciera la comparación para que el juicio sobre el nuevo inquilino del Vaticano fuera favorable o desfavorable.

Los sectores conservadores valoraron positivamente su moderación y equilibrio, contraponiéndolos a la sobreactuación de Francisco. Los integristas lo acusaron enseguida de ser discípulo de Francisco, de seguir miméticamente su programa y de dinamitar los valores cristianos tradicionales. Los progresistas valoraron positivamente su continuidad con la opción por los pobres y la práctica liberadora de su predecesor, así como su ubicación en el Sur global, si bien criticaron su falta de radicalidad en la denuncia de las injusticias y la escasa dimensión política de su discurso.

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