MAGDALENA BENNÁSAR, sfcc
ECLESALIA , 14/01/26
Eran casi las 8 de la tarde en España cuando nos reuníamos con Argentina y México.
Un encuentro casi improvisado por las ganas de encontrarnos, de estar juntas. Éramos seis potentes mujeres, tres americanas y tres españolas. Nos une la comunidad de Magdala. Nos entrelaza el que somos teólogas casi todas, formadoras de formadoras, inquietas y comprometidas hasta la médula.
Somos “de facto” las diaconisas de la “otra orilla”, la no canónica, que bulle de oportunidades a la espera de que más hermanas se animen a cruzar.
Jesús cruzó al lado no canónico para que su ministerio tuviera un poco de tiempo antes de que le quitaran de en medio las leyes, los cánones de su religión.
Es tanto el bullicio y la alegría del encuentro que el online se queda corto y tenemos que calmarnos para darnos tiempo a terminar las frases y las risas. Y luego sí, se hace silencio sagrado y escucha atenta y cada una va compartiendo, sin interrupciones.
Les cuento:
Empieza una mujer argentina, ciega de nacimiento, psicóloga y que después de visitar diferentes comunidades y no encajar ha decidido jubilarse a los 52 para tener tiempo de afinar el oído y acoger la gestación que se le propone. De momento acompaña, diseña, propone todo tipo de ayuda para las personas discapacitadas, desde la academia. Y, en medio de todo ello, siente una llamada a preparar una comunidad, de tú a tú, con otras mujeres que, como ella, por algún grado de discapacidad, no encajan en las congregaciones actuales.
Le llamo diaconisa porque todo su ser está volcado a la escucha y al compromiso real de un servicio a la comunidad cristiana: fundar la comunidad de sus sueños y de los sueños de la Ruah, mientras cuida de su mamá mayor y pelea por la justicia en el mundo de la discapacidad.
