18 de Enero de 2026
JUAN 1,29-34
Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó:
-Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: «Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo». Yo no lo conocía, pero ha salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel.
Y Juan dio testimonio diciendo:
-He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma y se posó sobre él.
Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo».
Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.
Liberación para todos
Ya el profeta Isaías lo había anunciado: será alguien del pueblo no de los dirigentes; será un siervo de Dios no un siervo del poder o de su propio prestigio; será una persona entregada no una persona aprovechada.
Así poco a poco, con sencillez irá llegando la Buena Noticia de Jesús a todos los lugares de la tierra, a todos los rincones de nuestra propia persona y a todos los ambientes en que se mueven los seguidores y las seguidoras del maestro.
En estos comienzos del siglo XXI no nos está resultando fácil realizar este anuncio de libración culminada en Jesucristo; nos cuesta conectar con la vida de los hombres y mujeres de hoy. Es necesario integrarnos en la sociedad, para desde ahí, realizar el anuncio en la calle, en la vida cotidiana de las personas.
Para que la Buena Noticia llegue a los pobres, primeros y preferidos destinatarios del amor de Dios, hemos de estar entre ellos, realizando un servicio humilde y continuado con todas las personas de buena voluntad que vive en los ambientes donde se está jugando el futuro de la humanidad.
Bautizados con Espíritu Santo
No sólo estamos bautizados con agua; nosotros, como Jesús de Nazaret, hemos recibido el Espíritu de Dios para «proclamar la Buena Nueva a los más pobres, para devolver la vista a los ciegos, para ayudar a andar a los cojos, para liberar a los esclavos y anunciar el tiempo de gracia del Señor». Así lo anunció Isaías, así lo actualizó Jesús en la sinagoga y así lo hemos de continuar desarrollando los seguidores y seguidoras del crucificado resucitado.