8 de Febrero de 2026
Evangelio según MATEO 5, 13-16
Dijo Jesús a sus discípulos:
-Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.
Vosotros sois la sal de la tierra
La sal da gusto a los alimentos y preserva de la corrupción. La sal, en sentido figurado, es también la gracia y la alegría de la vida. Pero, para que produzca su efecto, la sal no ha de quedarse encerrada en el salero, sino que ha de mezclarse y disolverse.
Se necesita mucha sal en la familia, en las escuelas, en las empresas, en los medios de comunicación, en la cultura, en la economía, en la política. ¿No tendremos que, revisar nuestros comportamientos y hacernos más presentes en estos campos? Todos nos quejamos de lo mal que van las cosas en la sociedad, pero nos limitamos a eso, a quejarnos y echar las culpas a los otros; pero no queremos reconocer la responsabilidad de cada uno en esta situación.
Los cristianos no somos del mundo, pero hemos de estar en el mundo, es decir, en sus instituciones, en sus asociaciones, en sus movimientos, en sus partidos, en los foros sociales en que se juega la vida del hombre. Pero hemos de estar como sal, no dominando, sino mezclándonos y disolviéndonos, pero sin perder nuestra identidad y vitalidad de ser sal.
Vosotros sois la luz del mundo
El cristiano y la comunidad cristiana serán luz con su estilo y modo de vivir, siendo pobres, limpios de corazón, constructores de paz, perseguidos a causa de la justicia.
La luz, que ha de brillar, son las obras a favor de los hombres, descritas en las Bienaventuranzas. De este modo, los discípulos de Jesús, la comunidad, que ha elegido ser pobre, es la garante de la alianza y del resplandor de la gloria de Dios en el mundo. Jesús quiere que sus discípulos sean en el mundo algo tan bonito y necesario como «ser sal y luz.