Y el mundo no se acaba
Evaristo Villar
¿Qué tienen en común la Conferencia Episcopal, la patronal CEOE, los sindicatos, la ministra Elma Saiz y su cuñado, ese quejica del bar? Pues que todos apoyan la regularización extraordinaria que afectará a medio millón de personas —quizá hasta 840.000, según cálculos de Funcas—, en lo que supone un giro copernicano en la política migratoria española y europea. Vamos por partes, que esto tiene miga.
Quiénes son esos «legalizables»
No, no vienen con un plan maestro para robar el jamón de la nevera. Los sujetos de esta regularización son miles de personas que ya viven, trabajan en la economía sumergida, pagan IVA sin saberlo y saludan al portero. El economista José Manuel Corrales lo resume con una contundencia que desarma a los agoreros: «La regularización de inmigrantes es fuente de riqueza». Hablamos de camareros sin contrato, cuidadores de abuelas que nadie quiere cuidar y agricultores que recogen la fruta que usted come esta mañana. En 2025, España cerró con más de tres millones de afiliados extranjeros a la Seguridad Social, representando ya el 14,2% del total de cotizantes. Un dato que la ministra de Inclusión, Elma Saiz, subraya sin complejos: «Cuando analizamos esta realidad con datos —y no con prejuicios— vemos algo muy claro: España está gestionando la migración con resultados positivos desde el punto de vista económico, laboral y social».