sábado, 1 de agosto de 2026
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Santiago Agrelo

 

Lo que ha pasado en Ceuta durante esta semana, poco o nada tiene que ver con el drama -con la tragedia- de la inmigración clandestina. Lo que se ha visto durante estos días, más que la evidencia de una necesidad padecida por los pobres, parece un movimiento provocado por intereses políticos; más que una historia de pobres en busca de pan, suena a enfrentamiento interesado entre poderosos -llámense partidos políticos, naciones, ideologías-.

En todo caso, esa humanidad en movimiento, decenas de miles de personas manipuladas y utilizadas, vuelven a ser, para el creyente, no ya materia de análisis político, ideológico o de partido, sino materia de compasión; esa multitud sólo puede ser destino de misericordia, como lo son para el creyente cristiano todos los esclavizados de nuestro mundo -los esclavos del alcohol, de las drogas, de la tecnología, del lujo, del poder…-.

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