18 de Octubre de 2026
Evangelio según MATEO 22, 15-21
Se retiraron entonces los fariseos a elaborar un plan para cazar a Jesús con una pregunta. Le enviaron a sus discípulos con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
—Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios con verdad; además, no te importa de nadie, porque tú no miras lo que la gente sea. Por eso, dinos qué opinas: ¿está permitido pagar tributo al César o no?
Calando Jesús su mala intención les dijo:
—¿Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda del tributo.
Ellos le ofrecieron un denario y él les preguntó:
—¿De quién son esta efigie y esta leyenda?
Le respondieron:
—Del César.
Entonces les replicó:
—Pues lo que es del César devolvédselo al césar, y lo que es de Dios, a Dios.
Dad al César lo que es del César
La pregunta que hacen a Jesús, es una trampa. Si dice que es lícito, Jesús quedará desprestigiado ante el pueblo y perderá su apoyo. Si dice que no es lícito, podrá ser acusado de agitador subversivo ante los romanos.
Jesús les pide que le muestren «la moneda del impuesto» y que le digan de quién es la imagen y la inscripción. Los adversarios reconocen que la imagen es del César. Con su gesto, Jesús ha situado la pregunta en un contexto inesperado.
Saca entonces una primera conclusión. Si la imagen de la moneda pertenece al César, «dad al César lo que es del César». Devolvedle lo que es suyo: esa moneda idolátrica, acuñada con símbolos de poder religioso. Si la estáis utilizando en vuestros negocios, estáis ya reconociendo su soberanía.
Pero Jesús que no vive al servicio del emperador de Roma. Añade algo que nadie le ha preguntado: «A Dios dadle lo que es de Dios». Nunca sacrifiquéis las personas a ningún poder. Defendedlas.
Actualmente vivimos una crisis de humanidad. Aislados en nuestro egoísmo y obsesionados por un bienestar material insaciable, hemos terminado viviendo un estilo de vida insostenible incluso económicamente.
No va a bastar con proponer soluciones técnicas. Es necesaria una conversión de nuestro estilo de vida, una transformación de las conciencias: pasar de la lógica de la competición a la de la cooperación: poner límites a la voracidad de los mercados; aprender una nueva ética de la renuncia.
Los seguidores de Jesús hemos de encontrar en el Evangelio la inspiración y el aliento para vivir de manera solidaria. De Jesús escuchamos la invitación a estar cerca de las víctimas más vulnerables: los que están siendo sacrificados injustamente a las estrategias de los mercados más poderosos.