
A las puertas de la Semana Santa, Joaquín Sánchez propone una mirada que va más allá de una comprensión fragmentada de estos días. Su reflexión recupera la unidad del Triduo Pascual (Jueves Santo, Viernes Santo y Pascua), como un proceso inseparable que solo se entiende desde la vida de Jesús y su compromiso con el reino de Dios.
El comentario pone el acento en una convicción central: la cruz no se explica sin la vida entregada de Jesús, una existencia marcada por la fraternidad, la justicia y la cercanía a las personas más empobrecidas. Desde ahí, la pasión y muerte no aparecen como un hecho aislado, sino como consecuencia de un conflicto con los poderes de su tiempo.